Durante 70 años, la fusión nuclear ha sido la fuente de energía del futuro que siempre estaba a 30 años de llegar. En enero de 2026, ITER, en el sur de Francia, logró mantener un plasma de 150 millones de grados durante 400 segundos. Por primera vez, el chiste sobre la fusión eternamente lejana ya no parece tan gracioso, y la comunidad científica internacional lo sabe.

35 naciones y 20.000 millones de euros: la escala de ITER

ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor) es el experimento científico más grande de la historia humana: 35 naciones participantes, 20.000 millones de euros de inversión acumulada y 30 años de construcción en Cadarache, en el sur de Francia. No es un reactor comercial ni pretende generar electricidad para la red: es una prueba de concepto diseñada para demostrar que la fusión puede producir más energía de la que consume, el famoso umbral conocido como "Q mayor que 1". Ese objetivo, perseguido desde los años 80, sigue sin alcanzarse de forma sostenida, pero cada hito reduce la distancia.

400 segundos que superan el récord de KSTAR

Mantener plasma a 150 millones de grados —diez veces más caliente que el núcleo del Sol— durante 400 segundos es un logro que pocos físicos de fusión esperaban ver antes de la década de 2030. El experimento anterior más citado como referencia era el récord de 101 segundos logrado por el reactor surcoreano KSTAR en 2024, una marca que ya se consideraba notable en su momento. ITER ha demostrado que los sistemas de confinamiento magnético mediante tokamak funcionan a la escala física y temporal necesaria para sostener una reacción de fusión de forma prolongada, no solo en pulsos de laboratorio de fracciones de segundo. El siguiente objetivo técnico del proyecto, ya en el calendario oficial, es alcanzar el umbral Q>1: producir más energía de la que se invierte en calentar y confinar el plasma.

Commonwealth Fusion, Helion y la carrera privada por adelantar a ITER

Mientras el proyecto intergubernamental avanza con la lentitud propia de un consorcio de 35 países, el sector privado no espera. Commonwealth Fusion Systems, respaldada por Breakthrough Energy de Bill Gates, proyecta la puesta en marcha de su primer reactor comercial, ARC, para 2030, apoyándose en imanes superconductores de alta temperatura que permiten reactores más compactos que ITER. Helion Energy, financiada por Sam Altman, tiene un acuerdo firmado con Microsoft para vender energía de fusión a partir de 2028, aunque conviene recordar que los plazos anunciados por startups de fusión llevan décadas retrasándose de forma sistemática. TAE Technologies, por su parte, trabaja en un enfoque híbrido de fisión-fusión que sus responsables presentan como más cercano a la viabilidad comercial a corto plazo, precisamente porque exige condiciones de confinamiento menos extremas.

Por qué la fusión no salvará el clima de esta década

Conviene ser precisos sobre lo que este hito significa y lo que no. La fusión no resolverá el cambio climático a corto plazo: las renovables, el almacenamiento en baterías y la eficiencia energética son las herramientas que deben cargar con la descarbonización de aquí a 2040. Ni siquiera en el escenario más optimista habrá reactores de fusión comerciales conectados a la red antes de esa fecha en volumen significativo. Lo que ITER ha demostrado es que existe, por primera vez, una hoja de ruta técnica creíble y no solo especulativa, algo que cambia el cálculo de riesgo para gobiernos e inversores que llevaban décadas tratando la fusión como una apuesta de ciencia ficción.

2040, 2050 o nunca: el desacuerdo entre físicos

Los físicos más optimistas hablan de energía de fusión comercial operativa para 2040. Los más cautos sitúan esa fecha entre 2050 y 2060, y no faltan voces dentro de la propia comunidad que recuerdan que cada década de investigación en fusión ha añadido, históricamente, otra década más al horizonte de "cuándo estará lista". La diferencia esta vez es que hay dinero privado real —no solo fondos públicos de investigación básica— apostando por plazos agresivos, lo que introduce un incentivo distinto: si Commonwealth Fusion o Helion fallan en sus promesas a inversores, el golpe reputacional será mucho mayor que cualquier retraso académico.

Qué implica para España y la política energética europea

España participa en ITER a través de Euratom y aporta componentes de alta tecnología fabricados por empresas como Iberdrola Ingeniería y Empresarios Agrupados, además de investigación del CIEMAT. Aunque un reactor de fusión comercial en suelo español sigue estando a décadas de distancia, el conocimiento técnico acumulado en superconductores, robótica de mantenimiento remoto y física de plasmas ya se está trasladando a otros sectores industriales, desde la fabricación de imanes para resonancias magnéticas hasta la robótica para entornos de alta radiación. Es un beneficio colateral que rara vez se menciona cuando se habla del proyecto, pero que ya genera empleo cualificado en varias regiones españolas.